La evolución de los trenes
Tan pronto como el hombre se puso de pie, sintió la necesidad de desplazarse ya fuera para comer, para conquistar o por simple placer, esto lo llevo a valerse obligatoriamente de algún medio de transporte.
Los trineos de madera fueron los primeros vehículos, y seguramente todas las tribus del mundo los utilizaron. Cuando se trataba de transportar cargas pesadas empleaban troncos a modo de rodillos.
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Luego llegaría la rueda, tal vez uno de los más maravillosos inventos de la historia. Partiendo de este genial invento, se comenzó a tejer otra historia, la historia del transporte terrestre.
El ferrocarril
Si vamos a hablar de la historia del transporte, inmediatamente tenemos que hablar de las vías. Como curiosidad vale mencionar que las vías se adelantaron a la locomotora unos 2000 años.
El hombre no tardo mucho en darse cuenta que resultaba mucho más fácil tirar de un trineo o un carro si lo hacia preparando dos surcos de piedras o tablas paralelos, o los cavaba sobre un camino rocoso. Los griegos fueron los primeros en descubrir que un hombre o un caballo podían arrastrar una carga ocho veces más pesadas si lo hacían sobre una vía en lugar de hacerlo sobre un camino irregular. También los romanos cavaron surcos en muchos de sus caminos.
Al igual que tantas otras técnicas de la antigüedad, durante la Edad Media, estas también se perderían. Para aparecer nuevamente las vías en siglo XV o XVI, muy probablemente en las minas alemanas, las mejor instaladas en toda Europa, en ellas las cargas eran transportadas en vagones pequeños. El “Tramway”, como lo llamaban los alemanes, fue llevado hacia Inglaterra a finales del siglo XVI, para modernizar sus minas, y fue así fue como llegaron las vías al país que luego sería la cuna del ferrocarril.
La primera locomotora
En todas partes había mercaderías que tenían que ser transportadas como también había personas que querían viajar rápido y con comodidad.
Varios inventores pensaron en unir el vapor con la rueda. En 1769, el francés Nicolas Cugnot construyó un coche de vapor, su pesado “fardier” (carromato), consistía en una máquina de vapor montada sobre un carro de tres ruedas. Oliver Evans, un técnico norteamericano construyó años después un coche de vapor que no logró imponerse. William Murdock, en Inglaterra, hacía experimentos con una máquina de Watt. Todos estos ensayos terminaron en fracasos.
Un joven ingeniero de minas de Cornwall, Richard Trevithick, a fines del siglo XVIII entusiasmado con la idea del vehículo de vapor preparó en su taller un par de modelos de locomotoras. Entre 1801 y 1804 terminó su primer coche de vapor, una enorme caja de hierro sobre ruedas con una chimenea en el centro, alrededor se habían instalado varios asientos para los viajeros. Con su máquina de vapor recorrió nueve millas y media en cuatro horas y cinco minutos. Está fue entonces la primera locomotora. Unos años después presento la segunda que no iba a tener éxito.
El llamado “padre del ferrocarril”, George Stephenson, tras haber reparado muchas locomotoras y haber construido otras, en 1825, realizó al fin, la primera línea destinada no sólo a las vagonetas de carbón, sino también a pasajeros. La Locomotion Nº 1 arrastró 600 pasajeros a lo largo de los 35 kilómetros que separan Stockton de Darlington. El mismo Stephenson fue el encargado de guiar la máquina, que arrastraba seis vagones con carbón y harina, un vagón para los invitados especiales, veintiuno más para pasajeros comunes y finalmente cinco vagones carboneros; haciendo un total treinta y tres.
En 1829 se proyecta una línea Liverpool-Manchester. Las autoridades dudaban entre los caballos y las locomotoras. Finalmente se deciden por las últimas. En este tramo tuvo lugar una competición entre varias locomotoras presentadas por sus propios constructores, y que fue ganada por la Rocket de Stephenson.
A partir de 1830 surgen en Inglaterra múltiples líneas de ferrocarril. Después vendrían las grandes líneas. La línea Londres-Birmingham es inaugurada en 1838; la siguen las líneas de Londres-Newcastle, Londres-Edimburgo y Londres-Bristol.
Stephenson no sólo perfecciona las locomotoras de su padre George, sino que estudia metódicamente el problema de la infraestructura: desmontes, balasto y colocación de los raíles. Traza la mayor parte de las vías en Inglaterra y en el extranjero. Posteriormente, también debió construir puentes, haciéndolos metálicos.
El progreso de Gran Bretaña en este terreno sirvió de disparador a otras naciones, y así fue como cada una comienza a proyectar su propio sistema ferroviario.
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