Grupo promotor del primer ferrocarril en España

Escrito por Lidia Eleo Categoría: Historia del Tren a mayo 24th, 2010

En 1843 un grupo de personas ha elabora el proyecto de construir “un camino de hierro” desde Barcelona hasta Mataró. Son visionarias que pretenden mejorar las comunicaciones y favorecer la industria y el comercio de Cataluña, con iniciativa pionera, “la primera de su clase en España, y que podrá servir de estímulo a otras de no menor importancia”. Su proyecto es crear una sociedad de accionistas, elaborar los planos, adquirir los terrenos, e importar la maquinaria de Inglaterra. Estos pioneros son Miguel Biada Bunyol, Ramón Maresch Ros, José Mª Roca Cabanas y Rafael Sabadell Permanyer…

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Ramón Maresch y Miguel Biada por aquel entonces de unos 50 años. Ramón Maresch dedicado a los transportes marítimos comerciales con ciudades de América y Europa. Ha ejercido varios cargos en la Junta de Comercio, y es una persona de reconocido criterio: la ciudad confía en sus sensatas opiniones.

Por su lado, Miguel Biada no es conocido en Barcelona, pero pronto muestra su capacidad de trabajo y constancia. Posee una empresa de comercio y crédito en Cuba. En La Habana ya había participado entre 1830 y 1833 en la Junta de una Sociedad de accionistas para la construcción del ferrocarril de La Habana a Güines. Cuando la Sociedad tenía ya la mitad del capital necesario, las autoridades decidieron, no sin polémica, financiarlo con un crédito inglés. En 1837 Biada asistió entusiasmado a la inauguración de este ferrocarril.

Fue tal la experiencia que de vuelta en Barcelona en 1840 y con la firme determinación de construir un ferrocarril desde Barcelona hasta Mataró, su ciudad natal. Debido a que era necesario importar tecnología extranjera, Maresch contacta con José Maria Roca, pariente suyo que vive en Londres y que tiene los contactos necesarios para la elaboración del proyecto.

José Mª Roca, de unos 35 años, hijo de la Casa Roca, importadora y vendedora de substancias químicas, conoce en Londres el boom industrial y financiero de la construcción de la red ferroviaria inglesa. En los primeros años se ocupa eficazmente de toda la gestión del nuevo ferrocarril en Inglaterra: de contactar con los ingenieros y de pedir la concesión al Gobierno. Por su parte, Rafael Sabadell posee un gran capital inmobiliario y financiero y aporta también su entusiasmo y su experiencia financiera.

En 1844 editan el prospecto titulado “Divulgación del proyecto. Sucinta advertencia sobre el proyecto del ando de hierro que se intenta construir desde Barcelona hasta Mataró”, en el que incluye un presupuesto de Locke y unas Bases de la futura empresa. El Director José Mª Roca será el comisionista encargado de la compra de material inglés. Corresponde a Maresch, Biada y Sabadell difundir el proyecto en Barcelona utilizando todas sus influencias para conseguir los accionistas.

El proyecto es presentado subrayando que cuenta con la autorización del Gobierno y apoyo de las autoridades. Explican su utilidad, que el viaje a Mataró (ampliable a Gerona y Figueras) será rápido y barato, y facilitará el transporte de mercancías como algodón, carbón, productos manufacturados y agrícolas, y también multiplicará el transporte de personas. No será caro por la facilidad del terreno.

En julio emprenden una campaña de prensa, y en pocos días 95 accionistas subscriben 1160 acciones. Como esta cifra sobrepasa el mínimo del 10 %, los promotores convocan la Junta de accionistas para el 31 de julio de 1844. El discurso de los promotores en aquella reunión es optimista y animante. Los motivos que proponen a los asistentes para crear la empresa son en primer lugar sus intereses particulares, es decir, la posibilidad de negocio, y en segundo lugar, el bien común y el progreso de la nación, motivación que la Junta intenta excitar como la más noble.

En 1845 crean la “Compañía del Camino de Hierro de Barcelona á Mataró y vice-versa”, con sus Reglamentos. El cometido de la Junta es ahora la compra de los terrenos que ocupará el ferrocarril, amigablemente o por la fuerza de la ley.

Al fines de febrero de 1847, en un ambiente de mucho conflicto y oposición al ferrocarril, se inician las obras preparatorias de explanación. Debido a que no se ha llegado a un acuerdo definitivo con la constructora inglesa, deciden iniciar las obras con contratos provisionales. El trabajo es arduo. Partidas carlistas asaltan las instalaciones. Los propietarios de los terrenos afectados por el nuevo camino intentan impedir e incluso malograr las obras, hasta tal punto que el Gobernador se ve obligado a enviar el ejército.

El ferrocarril fue una empresa ardua y dolorosa, llena de satisfacciones pero con un alto coste humano. Quien más caro lo pagó fue Miguel Biada, que murió el 2 de abril de 1848 sin ver realizado su proyecto. Testigos de la época (entre 1849 y 1857) como Mariano Cubí, Juan Amich, Avelino Pi y Arimon y Víctor Balaguer, señalaron su gran esfuerzo, constancia y trabajo, y su patriotismo. Triste suerte también la de José Mª Roca, a quien la tercera Junta directiva negó el pago del 10 % de los beneficios excedentes del 6 %, que le atañían según los acuerdos de cesión de la concesión firmados ante notario en 1845. Esto lo arruinó. No le faltaron apoyos, entre ellos el del mismo Ramón Maresch, pero perdió largos años en este litigio.

Ramón Maresch, acabada la etapa de Diputado a Cortes, volvió a sus actividades ferroviarias, formando parte del grupo promotor del ferrocarril de Zaragoza, e invirtiendo en las líneas de Granollers y de Martorell, hasta que murió a principio de 1854. También Rafael Sabadell se involucró en otros proyectos ferroviarios, como promotor, principal accionista y miembro de la Junta de la línea de Martorell, y participó en otras muchas actividades financieras.




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